Tomar un fervidiellu: vinu caliente con zucre.
”Al catarru/da-y col xarru/ y si ta bien agarrao/ sidra o vinu calentao.
Tamién ferventáu(lleche fervío col untu’l gochu)enantes d’echase.
Esfriegues con alcohol o aguardiente y guardar dempués el calor na cama pa sudalu.
Pa la tose ferver plantes aromátiques: benitu,menta, romeru o carquexa: alendar fondo.
Y que no te pase na.
viernes, 26 de diciembre de 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
Manifiesto
Reciclaje
“Nada muere, todo está continuamente vivo, sólo que se transforma en otras formas; y esta no es una filosofía religiosa; son sólo hechos. Hoy se entierra a los muertos de manera anti-ecológica. Los muertos se pudren en un féretro a cuatro metros bajo tierra. Las raíces de los árboles no pueden regenerase. Además los muertos están separados del cielo y de la tierra por una losa de cemento y flores artificiales. El hombre debería ser enterrado sólo a medio metro, o dos pies bajo tierra. Luego allí debería plantarse un árbol. Debería ser enterrado en un ataúd degradable, de forma que cuando se plante un árbol encima, el árbol se beneficie de su sustancia, y lo cambie por sustancia de árbol. Cuando se visita una tumba no se visita a un hombre muerto, se visita a un ser vivo que se acaba de transformar en árbol. Sigue viviendo en el árbol”.
Friedensreich Hundertwasser (Viena, 1928-Nueva Zelanda, 2000)
Pintor, grafista y arquitecto austríaco.
“Nada muere, todo está continuamente vivo, sólo que se transforma en otras formas; y esta no es una filosofía religiosa; son sólo hechos. Hoy se entierra a los muertos de manera anti-ecológica. Los muertos se pudren en un féretro a cuatro metros bajo tierra. Las raíces de los árboles no pueden regenerase. Además los muertos están separados del cielo y de la tierra por una losa de cemento y flores artificiales. El hombre debería ser enterrado sólo a medio metro, o dos pies bajo tierra. Luego allí debería plantarse un árbol. Debería ser enterrado en un ataúd degradable, de forma que cuando se plante un árbol encima, el árbol se beneficie de su sustancia, y lo cambie por sustancia de árbol. Cuando se visita una tumba no se visita a un hombre muerto, se visita a un ser vivo que se acaba de transformar en árbol. Sigue viviendo en el árbol”.
Friedensreich Hundertwasser (Viena, 1928-Nueva Zelanda, 2000)
Pintor, grafista y arquitecto austríaco.
El sanador de edificios

Friedensreich Hundertwasser (Viena, 1928-Nueva Zelanda, 2000)
Pintor, grafista y arquitecto austríaco.
“El que vive en una casa debe tener derecho a asomarse a su ventana y a diseñar como le apetezca todo el trozo de muro exterior que pueda alcanzar con el brazo. Así será evidente para todo el mundo desde la lejanía que allí vive una persona”.
Cualquier clase de diseño personal es mejor que la estéril muerte. Nuestras casas están enfermas desde que existen planificadores urbanos dogmáticos y arquitectos de ideas fijas. Todas estas casas, que tenemos que soportar por miles, son insensibles, carecen de emoción, son dictatoriales, crueles, agresivas, lisas, estériles, austeras, frías y prosaicas, anónimas y vacías hasta el aburrimiento. Nuestras ciudades son la realización de los caprichos dementes de arquitectos criminales que nunca hicieron el juramento hipocrático de la arquitectura: me niego a construir casas que puedan dañar a la naturaleza y a las personas. Un buen edificio debe lograr unir dos cosas: La armonía con la naturaleza y la armonía con la creación humana individual. Somos simples huéspedes de la naturaleza y deberíamos comportarnos consecuentemente”.
“NATURALEZA + BELLEZA = FELICIDAD “. Ésta era la máxima del artista.
Otros de sus manifiestos fueron: “Manifiesto del Enmohecimiento”, “Tu derecho a la ventana”, “Tu deber hacia el árbol”, “La Santa Mierda”
martes, 16 de diciembre de 2008
"Escándalo"
ALMUDENA GRANDES 15/12/2008
EL PAÍS.COM
Cuando me enteré de que existía un programa de televisión titulado Gran Hermano, me quedé atónita. No es posible, me dije, ¿a quién se le ocurriría escoger un nombre tan despiadado, tan cargado de siniestras evocaciones, para un programa de entretenimiento? La magnitud de mi error, que no le resta un ápice de acierto a ese emocionante, trágico canto a la vida y la libertad que Orwell tituló 1984, no necesita comentarios. El grado de obscenidad, de exhibicionismo trivial, de humillación consentida, de violencia verbal, de crueldad, de indefensión, que desde entonces se desarrolla sin contratiempos en casi todas las cadenas, tampoco.
El escándalo ha estallado cuando un hombre enfermo y valiente, desesperado por la certeza de que la vida que ha amado, la que querría seguir amando, se ha acabado para él, consintió que una cámara filmara su muerte voluntaria. ¿Fue eutanasia? ¿Suicidio asistido? Eso no importa mucho. Las palabras de Craig Ewert, su sencillo coraje, la intensidad de su adiós a la vida, el último beso que recibió de su mujer, el que dio a cambio, me conmovieron profundamente, como el supremo acto de voluntad de un ser humano libre, digno, responsable de su dolor y del que su existencia deparaba a las personas que amaba, y a las que odiaba ver sufrir.
Hace unos días, la BBC emitió el documental con la previsible controversia y el correspondiente ruido mediático. Mientras la serena muerte de Ewert ocupaba algunas pantallas británicas, en otras de medio mundo, un ejército de seres anónimos o famosillos vendían sus miserias por un poco de dinero, y se insultaban, y se pegaban, y lloraban, y se humillaban en directo sin ofender la sensibilidad de nadie. Porque estimular la obscenidad de la vida se ha convertido en la norma de un espectáculo donde ya no cabe la dignidad. Ni la de los vivos, ni la de los muertos.
EL PAÍS.COM
Cuando me enteré de que existía un programa de televisión titulado Gran Hermano, me quedé atónita. No es posible, me dije, ¿a quién se le ocurriría escoger un nombre tan despiadado, tan cargado de siniestras evocaciones, para un programa de entretenimiento? La magnitud de mi error, que no le resta un ápice de acierto a ese emocionante, trágico canto a la vida y la libertad que Orwell tituló 1984, no necesita comentarios. El grado de obscenidad, de exhibicionismo trivial, de humillación consentida, de violencia verbal, de crueldad, de indefensión, que desde entonces se desarrolla sin contratiempos en casi todas las cadenas, tampoco.
El escándalo ha estallado cuando un hombre enfermo y valiente, desesperado por la certeza de que la vida que ha amado, la que querría seguir amando, se ha acabado para él, consintió que una cámara filmara su muerte voluntaria. ¿Fue eutanasia? ¿Suicidio asistido? Eso no importa mucho. Las palabras de Craig Ewert, su sencillo coraje, la intensidad de su adiós a la vida, el último beso que recibió de su mujer, el que dio a cambio, me conmovieron profundamente, como el supremo acto de voluntad de un ser humano libre, digno, responsable de su dolor y del que su existencia deparaba a las personas que amaba, y a las que odiaba ver sufrir.
Hace unos días, la BBC emitió el documental con la previsible controversia y el correspondiente ruido mediático. Mientras la serena muerte de Ewert ocupaba algunas pantallas británicas, en otras de medio mundo, un ejército de seres anónimos o famosillos vendían sus miserias por un poco de dinero, y se insultaban, y se pegaban, y lloraban, y se humillaban en directo sin ofender la sensibilidad de nadie. Porque estimular la obscenidad de la vida se ha convertido en la norma de un espectáculo donde ya no cabe la dignidad. Ni la de los vivos, ni la de los muertos.
sábado, 13 de diciembre de 2008
El cuento de las mujeres viejas
Me gustan las mujeres viejas
las mujeres feas
las mujeres malas
son la sal de la tierra
no aborrecen la basura humana
conocen el revés de la medalla
del amor
de la fe
vienen y van los dictadores hacen bufonadas
tienen las manos manchadas
con sangre de seres humanos
las mujeres viejas se levantan al amanecer
compran carne frutas pan
limpian cocinan
están en la calle con las manos cruzadas
callan
las mujeres viejas son
son inmortales
Hamlet se lanza dentro de su red
Fausto juega un papel vil y ridículo
Raskolnikov golpea con su hacha
las mujeres viejas son
indestructibles
sonríen con indulgencia
muere el dios
las mujeres viejas se levantan como cada día
al amancer compran pan vino pescado
muere la civilización
las mujeres viejas se levantan al amanecer
abren las ventanas
tiran los desperdicios
muere el hombre
las mujeres viejas
lavan al difunto
entierran a los muertos
plantan flores
sobre las tumbas
me gustan las mujeres viejas
las mujeres feas
las mujeres malas
creen en la vida eterna
son la sal de la tierra
corteza del árbol
son los humildes ojos de las bestias
la cobardía y el heroismo
la grandeza y la pequeñez
ellas ven en dimensiones exactas
cerca de las exigencias
del día cotidiano
sus hijos descubren América
perecen en las Termópilas
mueren en las cruces
conquistan el cosmos
las mujeres viejas salen al amanecer
van a la ciudad compran leche pan
carne condimentan la sopa
abren las ventanas
sólo los tontos se ríen
de las mujeres viejas
de las mujeres feas
de las mujeres malas
porque ellas son las mujeres hermosas
las mujeres buenas
las mujeres viejas
son un huevo
son el misterio sin misterio
bola que está rodando
las mujeres viejas
son las momias
de los gatos sagrados
son pequeñas
arrugadas
cada vez más secas
manantiales frutas
o gordas
budas ovalados
cuando mueren
del ojo cae
una lágrima
y se une
sobre los labios en la sonrisa
de una muchacha joven
TADEUSZ ROZEWICZ
las mujeres feas
las mujeres malas
son la sal de la tierra
no aborrecen la basura humana
conocen el revés de la medalla
del amor
de la fe
vienen y van los dictadores hacen bufonadas
tienen las manos manchadas
con sangre de seres humanos
las mujeres viejas se levantan al amanecer
compran carne frutas pan
limpian cocinan
están en la calle con las manos cruzadas
callan
las mujeres viejas son
son inmortales
Hamlet se lanza dentro de su red
Fausto juega un papel vil y ridículo
Raskolnikov golpea con su hacha
las mujeres viejas son
indestructibles
sonríen con indulgencia
muere el dios
las mujeres viejas se levantan como cada día
al amancer compran pan vino pescado
muere la civilización
las mujeres viejas se levantan al amanecer
abren las ventanas
tiran los desperdicios
muere el hombre
las mujeres viejas
lavan al difunto
entierran a los muertos
plantan flores
sobre las tumbas
me gustan las mujeres viejas
las mujeres feas
las mujeres malas
creen en la vida eterna
son la sal de la tierra
corteza del árbol
son los humildes ojos de las bestias
la cobardía y el heroismo
la grandeza y la pequeñez
ellas ven en dimensiones exactas
cerca de las exigencias
del día cotidiano
sus hijos descubren América
perecen en las Termópilas
mueren en las cruces
conquistan el cosmos
las mujeres viejas salen al amanecer
van a la ciudad compran leche pan
carne condimentan la sopa
abren las ventanas
sólo los tontos se ríen
de las mujeres viejas
de las mujeres feas
de las mujeres malas
porque ellas son las mujeres hermosas
las mujeres buenas
las mujeres viejas
son un huevo
son el misterio sin misterio
bola que está rodando
las mujeres viejas
son las momias
de los gatos sagrados
son pequeñas
arrugadas
cada vez más secas
manantiales frutas
o gordas
budas ovalados
cuando mueren
del ojo cae
una lágrima
y se une
sobre los labios en la sonrisa
de una muchacha joven
TADEUSZ ROZEWICZ
martes, 25 de noviembre de 2008
domingo, 16 de noviembre de 2008
ALMA DESNUDA
Alfonsina Storni
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
“Donde crecen las amapolas”
“Donde crecen las amapolas” es un nuevo taller de lectura que iniciamos con el ánimo de Incluir en la reunión bimensual un espacio para la reflexión y la neurona disfrutando de esas dos característica que tiene la lectura: esa parte personal e intima y la posibilidad de compartir sentires . Comenzamos con el libro de José Luis Sampedro :”La vieja sirena”, un canto al amor.
La reseña de “Lecturalia”
Título original:
Editorial: Plaza & Janés
Año publicación: 1990
Temas: Literatura : Narrativa
La vieja sirena de José Luis Sampedro:
Egipto, siglo III. Época de cambios y confusión. Dos grandes imperios, el romano y el persa, inician una lenta decadencia. La protagonista, envuelta en su belleza y misterio, recorrerá un apasionante itinerario hasta llegar a Alejandría, donde dos hombres marcarán su destino: Ahram el Navegante, hombre de acción sediento de poder, y el filósofo Krito, poseedor del don de la palabra...
Como en los mitos, todo en esta obra nace más de una vez porque todo en algún momento recibe una luz nueva que lo recrea y vivifica.
La vieja sirena es un apasionado canto a la vida en una novela que es tanto recreación histórica como relato fantástico de inusual lirismo y sensualidad, tanto reflexión humanista sobre el poder como aguda parábola sobre nuestro inestable presente.
Nos vemos en Xomezana el 17 de enero para hablar de ella.
La reseña de “Lecturalia”
Título original:
Editorial: Plaza & Janés
Año publicación: 1990
Temas: Literatura : Narrativa
La vieja sirena de José Luis Sampedro:
Egipto, siglo III. Época de cambios y confusión. Dos grandes imperios, el romano y el persa, inician una lenta decadencia. La protagonista, envuelta en su belleza y misterio, recorrerá un apasionante itinerario hasta llegar a Alejandría, donde dos hombres marcarán su destino: Ahram el Navegante, hombre de acción sediento de poder, y el filósofo Krito, poseedor del don de la palabra...
Como en los mitos, todo en esta obra nace más de una vez porque todo en algún momento recibe una luz nueva que lo recrea y vivifica.
La vieja sirena es un apasionado canto a la vida en una novela que es tanto recreación histórica como relato fantástico de inusual lirismo y sensualidad, tanto reflexión humanista sobre el poder como aguda parábola sobre nuestro inestable presente.
Nos vemos en Xomezana el 17 de enero para hablar de ella.
Etiquetas:
Donde crecen las amapolas
viernes, 14 de noviembre de 2008
Mal de muchas, problema de... ¿quién?
La violencia de género se ha convertido en la primera causa de muertes de mujeres a nivel mundial; miles de mujeres son asesinadas cada año sólo por ser mujeres. Incluso hubo que inventar una nueva palabra para nombrar este horror y la siniestra magnitud que adquieren estos asesinatos y, ahora, se habla de “femicidios”. Pero los asesinatos son el último y más tremendo eslabón de una larga cadena de múltiples y variadas formas de violencia: las violaciones y abusos, los maltratos y los golpes, el desprecio y la humillación, son mucho más habituales de lo que podemos pensar y, en la mayoría de las ocasiones, son hechos silenciados.
La agrupación de mujeres Pan y Rosas se formó a partir del Encuentro Nacional de Mujeres del 2003, en la ciudad de Rosario,Argentina .
Pan y Rosas
La agrupación de mujeres Pan y Rosas se formó a partir del Encuentro Nacional de Mujeres del 2003, en la ciudad de Rosario,Argentina .
Pan y Rosas
viernes, 7 de noviembre de 2008
Friedrich Nietzsche
El sabio es el que ha abandonado la falsa seriedad de la existencia: los suspiros sacrificados del camello-mártir, el crispado sentido del honor del arrogante león. Es el que conoce, con Heráclito, el gran secreto:
El Ser es un niño que juega.
“El tiempo es un niño que mueve las fichas en un juego.
El poder real es del Niño” (Heráclito, fragmento 52).
El Ser es un niño que juega.
“El tiempo es un niño que mueve las fichas en un juego.
El poder real es del Niño” (Heráclito, fragmento 52).
viernes, 31 de octubre de 2008
El amor está en lo que tendemos...
El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras ).
El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.
El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).
Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.
"Breve son" 1968
José Angel Valente
(puentes, palabras ).
El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.
El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).
Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.
"Breve son" 1968
José Angel Valente
sábado, 25 de octubre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
REPORTAJE: LA MUERTE DE JOSEFINA

JORGE M. REVERTE 03/02/2008
EL PAÍS.COM
Viernes, 26/9/2008, 13:35 h
Al doctor Luis Montes y sus compañeros
Josefina Reverte era una mujer guapa, madre de seis hijos, cariñosa y de derechas, que tenía 75 años cuando, en la clínica de la Concepción de Madrid, le diagnosticaron un cáncer de mama tan avanzado que ya no tenía remedio. Se habían perdido seis preciosos meses para que aquello pudiera ser tratado con alguna posibilidad de éxito. Un médico de una mutua privada le había dicho que tenía una erisipela, y se afanó en curarle de esa afección que había identificado sin realizar una mamografía.Le quedaban tres meses de vida. Los hijos hicieron hincapié en que Josefina sufriera lo menos posible,A Josefina no le dijeron que su pronóstico era fatal. Tan sólo le hablaron de la grave enfermedad y de que tenía que ser tratada con quimioterapia y radiología. Su hija Isabel, que la acompañaba, fue quien recibió la noticia en toda su crudeza. De aquel hospital, los hijos, que tenían amigos médicos que se lo recomendaron, la llevaron a la unidad del dolor de otro hospital madrileño, el Gregorio Marañón. El director del servicio fue más preciso, cuando estudió la historia clínica, para hacer su pronóstico: le quedaban tres meses de vida. Los hijos hicieron hincapié en que a Josefina la trataran de forma que sufriera lo menos posible. Y el médico se lo aseguró. La paciente recibiría un tratamiento ambulatorio que daría, en las posibilidades de la ciencia médica, una protección frente al dolor y una mínima calidad de vida.
Las semanas pasaron y la enfermedad fue avanzando de la manera exacta a como había sido previsto por el médico. No es preciso describir sus manifestaciones en forma de úlceras y otros espantos. Ni los estragos, perceptibles día a día, que el cáncer provoca en quien lo sufre. El tiempo galopó para todos.
Josefina siguió con disciplina el tratamiento paliativo que todos sus hijos suponían que ella pensaba que podía ser curativo. Llevaba la situación con un humor que parecía insensato, y su chiste favorito de aquella época era uno en el que una mujer acude al médico y le dice:
-Entonces, doctor, dice usted que Géminis.
-No señora, cáncer, cáncer.
Lo que provocaba una nerviosa hilaridad general entre sus vástagos, que seguían pensando que ella era ajena al poco tiempo que le quedaba. La última vez que contó el chiste coincidió con una situación insólita: todos sus hijos, los seis, acompañados por alguna nuera, habían coincidido en torno a su lecho, que era, esta vez sin ninguna literatura, de dolor. Aquella reunión multitudinaria la hacía tan feliz que quiso demostrar su buen humor con una extravagante petición:
-Quiero un gin-tonic.
Y la moribunda se calzó, con aire festivo y la ceremonia obligada que debe escoltar a un buen trago largo, su dosis, acompañada de todos sus directos descendientes, en un ambiente de risas francas y mimos desbordados. No le faltó algún comentario sobre la forma mejor de construir el cóctel y varios recuerdos sobre antiguas visitas a ese lugar de perdición que era el Chicote de la posguerra, adonde iba de cuando en cuando acompañada, eso sí, por su marido y otras parejas de amigos tan jóvenes y mundanos como ellos.
Al acabar la reunión, uno de los hijos, sin que nadie más que ella supiera el porqué de la elección, se tuvo que quedar para recibir una confidencia de Josefina que reventó en sus oídos como un bombazo: ella era consciente de que iba a morir pronto y no se sentía con fuerzas para acudir más veces al hospital a recibir sus periódicas dosis de morfina y engaño piadoso.
Pero a la revelación salvaje le seguía una cola de mucha mayor potencia. El hijo quedaba emplazado a cumplir una doble misión. La primera parte consistía en mantener el suministro de la medicación que garantizaba, hasta donde era posible, que el dolor fuera soportable. La segunda, mucho más dura, era la de responsabilizarse de que su madre tuviera una muerte digna y exenta de sufrimientos. Los demás hermanos no deberían ser consultados ni informados de la petición. Es sensato suponer que en el ánimo de Josefina estaba evitar debates sobre una decisión de la que era soberana. Y la dulzura con que estaba hecho el encargo no engañaba sobre su calidad de indiscutible. Llegada a un punto la evolución de la enfermedad, el hijo tenía que tomar la decisión de hacer que la muerte fuera más fácil y de que el desenlace se produjera en el momento preciso. Y no había más que hablar.
Parte de la misión era sencilla. Una íntima amiga del hijo, una curtida profesional de la anestesiología que trabajaba en otro hospital público de Madrid, se haría cargo del suministro y aplicación a domicilio de las drogas que paliaban el dolor. La otra parte cayó como un metro cúbico de plomo sobre el alma del recadero.
Ya no hubo más reuniones con gin-tonic. Josefina había sabido medir sus fuerzas a la perfección, había sido capaz de discernir cuándo podía tomarse la última copa con la que se saltaba a la torera las recomendaciones convencionales de los médicos, que, obligados por la solemnidad de su papel, son a veces capaces de prohibir a un desahuciado los excesos que podrían acortarle la vida a medio plazo. Ella había sido tan fuerte como para todo eso, y le ordenaba al hijo que lo fuera él para escoger el momento de su muerte. Las palabras clave que se grabaron en la cabeza del hijo, las que estaban recalcadas en el discurso de su madre, eran dignidad y sufrimiento. Mantener la primera y evitar el segundo.
A partir de aquel día del gin-tonic, la rutina en el domicilio familiar se fue haciendo más oscura y los chistes sobre el cáncer y los signos del zodiaco se fueron espaciando hasta desaparecer, porque Géminis había dejado de importar. Los gestos de cariño ya no se impostaban, para que una caricia jamás pareciera casual. Y cada una de esas caricias era como la última. La jovialidad se mantenía; la naturalidad al lavar a la enferma, al ayudarle a incorporarse, al leerle un artículo del periódico en voz alta, surgía sola, como surgen en muy poco tiempo las rutinas en los comportamientos de todos los seres humanos. Los nietos que acudían a visitarla, ignorantes por supuesto de la gravedad de la enfermedad, se abrazaban a ella intuyendo que aquellos abrazos no formaban parte de una cantidad infinita de abrazos. Ella sonreía entonces forzada para darles lo que le había sobrado siempre, alegría.
Pero la habitación estaba en penumbra muchas horas al día, porque la mujer necesitaba cada vez mayores dosis de medicación para poder soportar el dolor, la inmovilidad, la falta de fuerzas en las piernas, la escasez de aliento. Pasaba cada día unos minutos más que el anterior dormitando, dejándose llevar por la creciente potencia de la morfina y los demás venenos que la ayudaban a no sentir las terribles punzadas.
En realidad, estaba ya a la espera de que se cumpliera la atroz certeza que se había instalado en su ánimo. Y pedía, con insistencia, en sus momentos de lucidez, que le abrieran la ventana, que el cáncer olía. No podía soportar que ese olor se instalara en su entorno, que lo percibieran los que se acercaban a su almohada para darle un beso en la frente. Sus hijos pensaban que su madre olía igual de bien que siempre, y se creían que le daban el mismo beso de siempre, aunque, en casos así, un beso cambia su naturaleza y se torna temeroso, leve.
Un día, y de forma desprovista de importancia, añadió otra orden, esta vez sí a todos los hijos que andaban por allí haciendo como que lo que pasaba en aquel cuarto que estaba siempre ventilándose estaba dentro de la normalidad, que allí no había nadie muriéndose. Josefina dijo que quería que incinerasen su cuerpo, y dónde deberían ser esparcidas sus cenizas. Pero el aviso no contenía ninguna referencia temporal, podría haber sido un reclamo para veinte años más tarde. Todo iba quedando atado.
Las jornadas pasaban una tras otra con una insolente falta de solemnidad. Y su vida se iba apagando en una monotonía asistencial de enfermera contratada, porque le humillaba que sus hijos tuvieran que atender el deterioro de su cuerpo que se iba rompiendo, y de turnos de guardia para darle lo que necesitara a lo largo de las interminables noches de padecimientos en torno a un gotero que se nutría de sueros y fármacos cada vez más potentes.
Un viernes de invierno, en 1992, el hijo que estaba encargado de cumplir los terribles encargos de Josefina se despidió de ella porque iba a pasar el fin de semana fuera de Madrid. Y antes de irse, cuando la iba a besar para decirle que el domingo por la tarde volvería, Josefina le oprimió el brazo con la mano que apenas era capaz de sostener un vaso de agua. Y le miró de una manera que no dejaba lugar a la duda. Luego cayó otra vez presa del sueño morboso de la química.
Dos días después, la amiga anestesista acudió a la cita cargada de cariño y de algunos frascos. Exploró a Josefina, que respiraba con alguna urgencia, pero sin abrir los ojos, y coincidió con el lego en que el momento había llegado. Ya no contestaba a las preguntas, ya no besaba cuando era besada, ya sólo respiraba con una cierta agitación. Las instrucciones eran muy sencillas: si no había recuperación de la conciencia, era que el momento había llegado.
De madrugada, el hijo aprovechó un momento de soledad, se sentó a su lado y le tomó la mano. Le dijo unas palabras de despedida y la besó de nuevo. Luego inyectó en el suero las dosis del combinado que harían de su muerte un tránsito indoloro y dulce. Y se quedó a esperar. La respiración de Josefina se hizo paulatinamente más pausada, y su vida se extinguió sin que pudiera escucharse un estertor, porque no había agonía, sólo una expresión de serenidad. Cuando el pecho se quedó en calma, la muerte se convirtió en una de tantas muertes.
Los hijos de Josefina cumplieron sus deseos de ser aventada en un precioso rincón de la sierra de Madrid, y no volvieron a hablar del proceso de su muerte, plagado de sobreentendidos, porque no había nada que aclarar. Pero todos sabían que había pasado como ella quería que pasase.
Años después, muchos años después, las noticias de la prensa sobre la acción de las autoridades sanitarias madrileñas y la Iglesia española contra los médicos que habían aplicado métodos paliativos para aliviar el dolor y la pérdida de dignidad a muchos enfermos terminales y sus familias, hicieron coincidir a todos los hijos de Josefina en el recuerdo del final de su madre y en el carácter atroz e injusto de la persecución emprendida contra los médicos y, sobre todo, contra los enfermos del hospital Severo Ochoa de Leganés.
Uno estaba ilocalizable en Kenia. Los demás coincidieron en que sería duro, pero que sería bueno recordar su historia, la de Josefina, para que muchos ciudadanos meditaran sobre lo que significa una acción así. Decidieron romper el tácito pacto de silencio que una vez hicieron, y violar el carácter íntimo de su pequeña historia, para enviar a quien pudiera llegar una reclamación de piedad y de decencia.
Los hijos de Josefina se llaman Javier, José, Jorge, Cristina, Isabel y María José. La anestesióloga que les ayudó no puede tener nombre.
martes, 9 de septiembre de 2008
Emociones y sentimientos-2
Contrarias a la alegría:
-Tristeza: una pérdida o desgracia produce sentimiento negativo, con pasividad , y deseo de aislamiento.
-Melancolía: una causa desconocida o indefinida produce sentimiento levemente negativo que lleva a ensoñaciones y cierta pasividad.
-Nostalgia: añorar, echar de menos personas y lugares queridos.
-Depresión: tristeza profunda y continuada, con pérdida del deseo de comer, reír, sexo, vivir y todo eso con la sensación de que no desaparecerá nunca.
Segura M. y Arcas M.:”Educar las emociones y los sentimientos". Madrid, Narcea.2005.
-Tristeza: una pérdida o desgracia produce sentimiento negativo, con pasividad , y deseo de aislamiento.
-Melancolía: una causa desconocida o indefinida produce sentimiento levemente negativo que lleva a ensoñaciones y cierta pasividad.
-Nostalgia: añorar, echar de menos personas y lugares queridos.
-Depresión: tristeza profunda y continuada, con pérdida del deseo de comer, reír, sexo, vivir y todo eso con la sensación de que no desaparecerá nunca.
Segura M. y Arcas M.:”Educar las emociones y los sentimientos". Madrid, Narcea.2005.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Emociones y sentimientos-1
1.Alegría
-Alegría : ligereza y ensanchamiento del ánimo, al cumplirse nuestros deseos.
-Felicidad: sentimiento de plenitud, en ese momento no falta nada.
-Satisfacción: al terminar un trabajo o cumplirse un deseo, experimentamos sosiego.
-Júbilo: alegría intensa y comunicativa, acompañada de demostraciones externas.
-Éxtasis: admiración, por persona, paisaje, obra de arte, con alegría tan intensa que se pierde la percepción de tiempo o espacio.
-Sentido del humor: tiene proyección social, pues es reírse de nosotros mismos y de otros, cuando nos hacemos ridículos. Consta de tres elementos indispensables:1) lucidez, que es sentido crítico frente a confusión e inseguridad;2) aceptación, que comprende que seamos así y se opone a la amargura en forma de sarcasmo o ironía; 3) ternura, que es esencial y es lo que prueba que de verdad hay aceptación del otro o de sí mismo .
Segura M. y Arcas M.:”Educar las emociones y los sentimientos “ Madrid, Narcea.2005.
-Alegría : ligereza y ensanchamiento del ánimo, al cumplirse nuestros deseos.
-Felicidad: sentimiento de plenitud, en ese momento no falta nada.
-Satisfacción: al terminar un trabajo o cumplirse un deseo, experimentamos sosiego.
-Júbilo: alegría intensa y comunicativa, acompañada de demostraciones externas.
-Éxtasis: admiración, por persona, paisaje, obra de arte, con alegría tan intensa que se pierde la percepción de tiempo o espacio.
-Sentido del humor: tiene proyección social, pues es reírse de nosotros mismos y de otros, cuando nos hacemos ridículos. Consta de tres elementos indispensables:1) lucidez, que es sentido crítico frente a confusión e inseguridad;2) aceptación, que comprende que seamos así y se opone a la amargura en forma de sarcasmo o ironía; 3) ternura, que es esencial y es lo que prueba que de verdad hay aceptación del otro o de sí mismo .
Segura M. y Arcas M.:”Educar las emociones y los sentimientos “ Madrid, Narcea.2005.
viernes, 29 de agosto de 2008
Si no lo ves claro
Remedios asturianos
Los güevos acabaos de poner, ponense nos güeyos y sirven pa aclarar la vista.
los orzuelos faciense desaparecer colocando enriba d'ellos una moneda de cobre.
Tamién se puen quitar los orzuelos frotándolos con ayu.
Los güevos acabaos de poner, ponense nos güeyos y sirven pa aclarar la vista.
los orzuelos faciense desaparecer colocando enriba d'ellos una moneda de cobre.
Tamién se puen quitar los orzuelos frotándolos con ayu.
domingo, 24 de agosto de 2008
viernes, 22 de agosto de 2008
Cosmética asturiana
Comer ayos:"les sopes d'ayu ponen guapu"
Comer una mazana cruda pela nueche enantes d'acostase;favorez a la piel y al dentame.
Comer una mazana cruda pela nueche enantes d'acostase;favorez a la piel y al dentame.
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Recetas,
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martes, 19 de agosto de 2008
Equilibrio entre la determinación y la paciencia
Necesito determinación para conseguir una meta. No dejo que las distracciones me alejen de lo que me he propuesto conseguir. Esa firmeza es muy admirable, sin embargo, llevada al extremo, esa determinación se convierte en cabezonería y, con cabezonería la persona se olvida del arte de escuchar a los demás y no se mantiene ni fácil ni flexible. La determinación, para que sea correcta, tiene que ir equilibrada con la paciencia.
Paciencia significa cambiar y seguir un objetivo pero sin presión. La paciencia me enseña que no todo depende de mí; a menudo tengo que esperar, tengo que tolerar situaciones y personas mientras intento conseguir mi objetivo. La paciencia es calma y quietud, permitiendo que el gran factor del tiempo juegue su parte.
El jardinero tiene la determinación de plantar un hermoso jardín y hace todos los preparativos necesarios, sin embargo necesita paciencia. El sol, la tierra, las estaciones, el tiempo, todos tienen su papel que representar e incluso las semillas mismas germinan en su propio momento. El jardinero no puede forzar que todas germinen juntas y den la misma fragancia.
La paciencia es una gran virtud,que en su extremo puede convertirse en descuido y pereza.Hay que cuidarse.
World Spiritual University
Paciencia significa cambiar y seguir un objetivo pero sin presión. La paciencia me enseña que no todo depende de mí; a menudo tengo que esperar, tengo que tolerar situaciones y personas mientras intento conseguir mi objetivo. La paciencia es calma y quietud, permitiendo que el gran factor del tiempo juegue su parte.
El jardinero tiene la determinación de plantar un hermoso jardín y hace todos los preparativos necesarios, sin embargo necesita paciencia. El sol, la tierra, las estaciones, el tiempo, todos tienen su papel que representar e incluso las semillas mismas germinan en su propio momento. El jardinero no puede forzar que todas germinen juntas y den la misma fragancia.
La paciencia es una gran virtud,que en su extremo puede convertirse en descuido y pereza.Hay que cuidarse.
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